| José Luis Ferrera y su hijo, Darwin Ferrera, en la oficina de Agrícola La Cumbre (Foto: J. Raydán) |
Allí va Isak atravesando el
campo. Sembrando. Un coloso, un tronco. Va vestido con la lana que le
proporcionan sus rebaños, y calza zapatos de la piel de sus propios terneros y vacas.
Conforme al uso piadoso, va con la cabeza descubierta mientras siembra. Es
calvo en la parte superior del cráneo, pero una corona que forman sus cabellos
y su barba encuadra su cabeza. Es Isak, el margrave.
Tal es la imagen ideal del hombre que propone Hamsun: temeroso de Dios, inclinado hacia la tierra para
ganarse la vida, dueño de lo que tiene porque todo lo ha obtenido de su
trabajo; apartado de las veleidades e hipocresías de los hombres, enemigo del facilismo
que allana las labores, explorador y domeñador de tierras nuevas.
(Del Prólogo de la obra Bendición de la Tierra, de Knut Hamsun)
I.
El
vestíbulo es minúsculo y adecuadamente conformado por paneles de
contraenchapados que alternan colores claros y oscuros. Tras el mostrador de
recepción, una joven con rostro de madonna
de Rafael Sanzio y largos cabellos oscuros manifiesta su amabilidad, lo que no
me impide cierta sensación de ahogo, pues estoy habituada a espacios abiertos y
ventanas desplegadas. Mientras espero, inexorablemente, y bebo de la minúscula
tacita un traguito de café, me fijo en el pendón que anuncia La
Cumbre C.A., que es la empresa de mi entrevistado. Me llama la atención
la paradoja del logotipo, silueta de elevadas montañas, colocado sobre una foto
donde siembras ordenadas se abren en la planitud y hacia el horizonte
despejado. El mensaje es sugerente, aunque enigmático.
II.
Cuando
José Luis Ferrara me habla de Arafo, no puedo evitar pensar en Ávalon, la mítica
isla celta donde nada envejece, donde la inmortalidad es posible: en Ávalon
abundan las manzanas, que son recogidas por mujeres, gobernadas por nueve
hadas, una de las cuales es Morgana, ya redimida. Arafo es el lugar de donde
partió la vida de José Luis: una población entre montañas, donde el verde y las
cabras predominan. Pueblo inmutable en la memoria, con el olor a las vides
familiares (Mi hermana, dice, tiene
actualmente la Bodega Ferrera, para conservar el apellido de mi padre.
Busco la información en el inefable Google:
la Bodega
Ferrera es una de las mejores de vinos y la hermana mencionada tiene un
gran parecido con el entrevistado: cuerpo sólido de isleños de Tenerife, ojos
pequeños y rasgados, roja la color de las faces, vigor en el gesto, parecida la
sonrisa, gesto de gente luchadora)
¿Qué
es Arafo? ¿Dónde queda? En el libro “Pasado
y presente de las islas Canarias: Tenerife”, de Juan José Martínez Sánchez
(1995) encuentro abundante información y una pequeña mención de Arafo, que
tiene menos de 120 habitantes por Km2. Goza de un excelente clima,
de una sólida y antigua tradición, cuyas raíces se nutren aún de los
antepasados guanches. La economía se basa en la producción de vinos, papas,
tomates, cebollas y la ganadería. Con orgullo, José Luis Ferrera dice que Arafo
tiene dos bandas de música y varias orquestas de nivel internacional, que han ganado varios premios. Tiene un
Ateneo, que fue inaugurado en su momento por el rey Juan Carlos. Tiene dos
clubes sociales grandes con bibliotecas, y una Biblioteca Pública, por
supuesto. Tiene importantes instalaciones deportivas para prácticas de fútbol y
de lucha canaria (José Luis aprovecha los interludios de esta conversación para mencionar que en su
juventud practicó lucha canaria, que es una de las más vigorosas
manifestaciones de la cultura popular, junto con la devoción a la Virgen de La
Candelaria)
Por
Arafo, el logotipo son siluetas de montañas, para conservar la tradición. La palabra preferida de José Luis
Ferrera es conservar y eso no deja de
sorprender en una época y en un lugar donde los cambios acelerados van
devastando hoy lo construido apenas ayer. De Arafo no solamente guarda
recuerdos, idealizados en su mayoría, sino la imagen de un pueblo que,
superando las dificultades y por el amor de sus hijos tiene hoy una intensa
actividad económica, cultural y social (dentro
de las formalidades de una sociedad eminentemente agraria, acota) que ha
superado exitosamente el reto que le lanzó el repunte de la actividad turística
(que fue en su momento tan traumática
como lo fue el petróleo en la vida económica venezolana)
III.
José
Luis Ferrera es, pues, un hombre de isla, lo que lo predispuso genética, casi
moralmente, para quedarse en El Tigre, que es una especie de isla de llanura y
casarse con una mujer de las islas venezolanas (Me casé con una isleña de Margarita, Luisa Cedeño Millán, en 1977, y yo
ya tenía cuatro en Venezuela. Es una mujer extraordinaria, de las que sabe su
papel. Aún hoy se levanta a prepararme el desayuno y entiende el trabajo del
campo. Hemos tenido tres hijos: Yosleidi Ferrera Cedeño, quien es licenciada en
Administración, y actualmente reside en Errentería, población del País Vasco,
donde fue electa concejala; Gabriel Ferrera Cedeño, Ingeniero de Sistemas, actualmente
en las Islas Canarias, y Darwin Ferrera Cedeño, Ingeniero Agrónomo, que está
dando un enfoque moderno para continuar la tradición de la familia y de la
empresa)
Es
un hombre amplio y expansivo, muy inteligente, que se ha creado un ámbito
gerencial que no es frecuente por estos lares. Su fenotipo parece catalán, pero
ya se sabe que, por aquella conflictiva posición geográfica, las Canarias han
recibido el influjo Mediterráneo y Atlántico, donde se han vertido cien pueblos, desde Siria hasta Estambul,
dice Serrat. De hecho, desde Trípoli a Barcelona, desde Rabat a Ponta Delgada.
Canarias fueron, durante mucho tiempo, apunta el libro de
Juan José Martínez, escala obligada para las embarcaciones que hacían trayecto
con América. En los puertos de las Islas debían repostar y avituallarse para la
larga travesía atlántica. Muchos canarios aprovechaban esta circunstancia para
viajar en ellos al Nuevo Continente. En el siglo XVI y principios del XVII, los
tinerfeños iban a América como soldados, si bien una vez terminada su etapa
militar solían quedarse como colonos. A partir del siglo XVII, comenzó a
desarrollarse en Tenerife el cultivo y procesamiento de la vid, lo que hizo
bajar las tasas de emigración. En el siglo XVIII, debido a la crisis vinícola,
volvió a incrementarse la corriente emigratoria con destino a Venezuela. A principios
de siglo, eran canarios la mitad de los habitantes de Caracas. Las razones por
las que los tinerfeños dejaban su tierra eran de variada índole:
• alta densidad de población para los recursos de la Isla.
• un modelo económico basado en la exportación.
• elevados precios y bajos salarios.
• atracción de los países americanos.
• eludir el servicio militar.
La mayoría de aquéllos que emigraban eran hombres jóvenes,
s o l t e r o s y, en gran porcentaje, analfabetos. Los lugares preponderantemente
elegidos eran Cuba y Venezuela. Pese a todas las dificultades y sacrificios,
los hombres de Canarias han contribuido largamente con su impulso al auge de
países Iberoamericanos, especialmente de Cuba y Venezuela. [1]
(Mis abuelos Ferrera y Tejera,
ambos, hicieron parte de su capital en Cuba, durante la segunda mitad del siglo
XIX y parte del siglo XX. Se iban y regresaban para invertir lo que conseguían
trabajando ardua e inteligentemente en el cultivo del tabaco. De hecho, aún hoy
la producción agrícola de tabaco está en manos de descendientes de isleños
españoles. Es posible que en eso influya también el carácter específico de los
habitantes de islas. Hubo un momento de mi vida, estimulado por aquellos
discursos idealistas y bonitos del Fidel Castro de los primeros años, que quise
irme a Cuba como voluntario para las zafras y después, quién sabe. Porque el
isleño siempre está viendo el horizonte, aunque sea de montañas, como yo. Lo
cierto es que la carta que envié no llegó, o no la respondieron, y mejor así)
En la infancia se forma el carácter y el carácter decide el destino.
Algo
tiene el habla, a veces arrítmica, afanosa de abarcamientos, de este
entrevistado de la cadencia con que se suceden las estaciones: la lluvia y la
sequía, las noches y los días, la vida y la muerte. Pero en todo su discurso,
la gran protagonista es la tierra, rural o urbana, mítica o memoriosa, actual y
activa, pero siempre feraz y grandiosa. Un hombre, que, por estirpe y práctica
vital, no entiende la vida ni la felicidad sin una relación íntima con la
tierra.
No
obstante, también llama la atención cómo cita, naturalmente y al desgaire,
igual a Azorín que a Herrera Luque, a García Márquez y a Unamuno, a Gallegos y
a Otero Silva. No es admirador a ultranza de Bolívar y coincide con Álvaro
Mutis, el gran poeta colombiano, en que el peor error que se cometió fue
habernos independizado de España. Es un monárquico convencido de que esa
institución es la que mantiene unida esa conflictiva Madre Patria. No le inhibe
reconocer que cree en los protocolos y los ritos como una forma de mantener
unida las sociedades y le menciono aquí lo que plantea Giorgio Agamben sobre la
necesidad de mantener los rituales para dar consistencia a la sociedad. Cree
Ferrera en la influencia de las tareas de
clase social y también en los parentescos
de clase, los parentescos emocionales, que nos hacen acercarnos a ciertas
personas más que a otras. Y cree en el determinismo de la genética y la raza en
la conducta de los humanos, pero en ese estilo llano de conservación de
tradiciones que se da, por ejemplo, en Angostura, o en Mérida. Coincido, por lo
demás.
Su
padre, Tomás Ferrera Martín, era un hombre recio del campo: carácter severo y
perfeccionista (Mi hijo Darwin se le parece,
aunque más suavizado, dice) tanto en el trabajo agropecuario como en la
cacería. Su madre, Maruca Tejera Gil, era una de esas mujeres especiales de las
que uno lee en los relatos de la Guerra Civil en España: capaz de bordar y de
atender el huerto, de criar a los hijos y cantar mientras levanta la colada, de
revisar los tiempos de cosecha y memorizar poemas, aunque esas damas las
encuentra uno también en cualquier campo de Iberoamérica. Como acabo de
terminar de leer una novela de Cari Arino, “El
latido del tiempo”, [2] que
es la saga de varias mujeres españolas de medio agrario desde 1920 a 1995, no
me cuesta nada pensar que Maruca era como Benita, una de las protagonistas de
la novela: emprendedora, incapaz de dejarse vencer por las dificultades, y empática.
IV.
En
el año 1972, con apenas 23 años, José Luis Ferrera llegó a Venezuela empleado
como técnico asesor por la empresa Agroisleña.
Por esta causa, recorrió gran parte del país, que en aquellos momentos estaba
buscando ampliar su horizonte económico hacia las actividades agrícolas y
pecuarias, y eso le sirvió de aprendizaje, no solamente de las características
del paisaje y de la tierra, sino de la idiosincrasia de los habitantes. Él es
un pionero nato, un fundador natural y vio las potencialidades: ésas son las
características de lo que debe ser un líder de empresarios. La característica
de esos hombres es su capacidad de ver el futuro por encima de los eriales o
las ruinas calcinadas por el sol o los incendios. (Yo vine casi desde las aulas de la Universidad de La Laguna, donde me
gradué de Ingeniero Agrónomo. Antes,
había estudiado en el Colegio San Ildefonso, del grupo La Salle. Aún conservo
amistades de aquellos tiempos.)
El maní unió a todo el mundo, repite, como un mantra.
En esos momentos de crisis, personajes
representativos plantearon al Gobierno central la necesidad de establecer un
plan capaz de reactivar la economía local: apostaron al país. Y en 1966 fue
puesto en marcha el Plan de Desarrollo Manisero, que constituyó el eje de la
política estatal implementada para la Mesa de Guanipa. Este plan se construyó
sobre la gran disponibilidad de tierras pertenecientes al Instituto Agrario
Nacional (IAN) y en programas de crédito y asistencia técnica. El maní fue una
especie de relumbrón verde de esperanza que otorgó alma al pueblo, y no sólo
económicamente, sino entre las familias, en el ámbito cultural, en el medio
social: allí está aún el tejido de ese renacimiento y existe aún un grupo de
personas lo suficientemente tercas como para esperar que se revitalice. En
aquellos tiempos se consolidó una “clase media agrícola” que aunque parece
haber desaparecido en las actuales circunstancias, soterradamente conserva sus
valores y tradiciones. O eso espero.)
Juan
Raydán, el fotocronista, quien fue invitado para tomar las fotos del personaje,
pero que es, además, hijo de uno de los hombres que en aquellos tiempos tomó el
riesgo de la actividad agropecuaria, apunta un par de datos interesantes: ya en
1940, los americanos estuvieron experimentando con el cultivo del maní y eso
fue registrado por Henri Pittier en una visita para estudiar la fitografía de
la Mesa de Guanipa.
(Y es que en aquella época no solamente se
comenzó el cultivo del maní, sino el de otros rubros, como el merey, y en ese
sentido, El Tigre tiene deudas de reconocimiento con Julio Dommar, el sorgo,
donde la producción de semillas certificadas alcanzó calidad de exportación, y
la ganadería, donde llegaron a producirse 70 mil litros de leche. La industria
petrolera estaba en declive, pero el agro generaba ingresos abundantes y
empleos. En una entrevista señalé que se cultivaban 30 mil hectáreas y se
generaban unos 15 mil empleos directos. Tal vez el error fue empeñarse en
cultivar oleaginosas para la producción de aceite, en ver de enfatizar, en el
caso del maní y del merey, por ejemplo, las posibilidades confiteras. Pero es
un error reparable.
Durante el gobierno de Herrera
Campins, a pesar de su mal gobierno (no era corrupto, sino ineficiente) la
agricultura y la agroindustria continuó porque la mayor parte del capital de
inversión era, en verdad, reinversión, y los bancos eran relativamente
considerados. El gobierno de Lusinchi, al que habría que reivindicar, porque
hizo muchas cosas con pocos recursos, contribuyó bastante al sostenimiento de
las actividades agrícolas de la Mesa de Guanipa: aquí venían de todas partes,
de todas las universidades y centros especializados, para observar, comprender
y explicar, el fenómeno de las tareas agropecuarias que realizábamos.
Pero entonces vinieron las
políticas erradas de Carlos Andrés Pérez, quien, por lo visto, creyó que nunca
se acabaría la bonanza petrolera y desestimó la importancia de la actividad
agropecuaria. La debacle, la catástrofe. A mediados de los años 80 se produjo
la liberación de las importaciones por parte del Ejecutivo Nacional, lo que
impactó de forma contundente la actividad agrícola, con el criterio errado de
que era más barato y rentable importar que producir.
Pérez tuvo ministros de
primera línea, que intentaron poner en práctica modelos modernos, de avanzada.
Pero su principal error fue dejar a Tinoco en el Ministerio de Fomento y darle
muchas prerrogativas a la banca. Los bancos subieron indiscriminadamente los
intereses, muchos empresarios del campo fueron a la quiebra, y hubo otra
quiebra: muchas mujeres abandonaron a sus maridos, porque no entendieron o no
quisieron entender, la importancia del trabajo agrícola. Muchas familias
emigraron o desaparecieron. Pero hubo gente que persistió, y persiste, ya lo
dije antes, por terquedad, o porque siguen apostando al pueblo y al país. Y soy
de los que creen que hay que prepararse para El Día Después, que está más
cercano de lo que se cree.)
V.
Abundando
en la necesidad de restaurar un tejido cultural, incluso desde los festejos se
mencionan las características del Centro Cultural Español de El Tigre, que ha
mantenido cierto nivel de actividad. (Antes
se celebraban aquí Carnavales fastuosos, fiestas patronales nutridas en honor a
la Virgen del Valle. En parte, porque los promotores de aquellos eventos, como
los Clubes Sociales y de Servicio, como el Rotary y el Club de Leones, y los
organismos culturales, y hasta las personas de esos sectores, andan deprimidos
y de capa caída. Y en parte porque El Tigre no ha tenido suerte con los
gobernantes que le han tocado. Tienes razón en señalar, en una entrevista, que
el único que ha tenido comportamiento socio cultural de alcalde ha sido Horacio
Guzmán Requena: fue el único alcalde que asistía a todos los actos, que
convertía su gestión en algo institucional. Porque un experimento como el de
GIO, que unió a profesionales independientes en una gestión municipal que
hubiera podido ser brillante, que hubiera podido ser muy exitosa y refrescar la
atmósfera política, se pervirtió. Los alcaldes de los últimos 20 años han sido poco
efectivos administrativamente y torpes para entender la cultura y la sociedad
de El Tigre, incluyendo a Paraqueima, al que muchos ven como un tipo que hizo “algo”,
si aceptamos que “hacer algo” fue atender lo “decorativo”, que además fue
tratado arbitrariamente.
Quisiera mencionar algo que es
muy importante: la memoria colectiva de El Tigre no ha abarcado ni la historia,
ni los protagonistas de esa historia que le han dado consistencia y que tienen
que convertirse en algún momento en los cimientos morales y culturales de este
pueblo. Hay gente como Sixto Inojosa, Julio Dommar, Tobías Guevara, Ernesto
Cantores, Luis Velardi, Napoleón Ledezma, Juan Raydán, Mauro Barrios padre, que
aportaron sus esfuerzos, su creatividad, su vida entera, y que hoy apenas son
reconocidos. Es posible que haya olvidado alguna mención, lo que es inevitable.
Eso, en el medio agrícola y pecuario. Y sin mencionar los muchos otros que han
actuado en otros sectores económicos y culturales.)
VI.
(Se está viendo un proceso de
posicionamiento de los empresarios y las embajadas, con miras a aprovechar los
inevitables cambios políticos, que, obviamente, arrastrarán cambios económicos
y sociales importantes. Sin embargo, estos cambios van a requerir de transformaciones
culturales significativas y dolorosas para algunos: la gente tiene que aprender
a desprenderse del amiguismo, de la tendencia a conseguir las cosas sin
trabajar. Por ejemplo, lo del bachaqueo: muchos abandonaron sus trabajos y
hasta vendieron algunas cosas porque creían que les resultaría más fácil
bachaquear alimentos y medicinas, y no pensaron que esa práctica no era
duradera, ni estable, así que no invirtieron para el futuro. De la misma
manera, algunos están emigrando porque creen que les será más fácil: venden sus
casas por cantidades irrisorias, venden sus enseres, y no piensan que las
dificultades del emigrante comienzan en el momento mismo en que se embarca y
que todo eso implica un trascurso de desarraigos agudos y profundos. Y tampoco
piensan en el regreso. Porque tal vez regresen.)
Parafraseando un
artículo de Miguel Ángel Santos, publicado en Prodavinci en 2018, Ferrera
insiste en que no hay que confundir la fe
y la esperanza que debemos mantener en todo momento, con la disciplina necesaria
para confrontar los aspectos más brutales y crudos de nuestra realidad. [3]Señala
que en el país existe una demanda actual de 20 millones de kilos de maní. De
esa cifra, se estima que en Venezuela sólo se producen 4 millones 900 kilos, lo
que significa que apenas se satisface 24.9% del mercado interno. Considera que
la Mesa de Guanipa sigue contando con formidables condiciones agroclimáticas
para esa explotación. Todo eso, aunado a la experiencia de los productores, le
permite ser optimista. Además, acotó, es un rubro que garantiza una alta
rentabilidad debido a que se obtienen entre 3 mil 500 y 5 mil kilos por
hectárea, dependiendo de la preparación del terreno. Su empresa, La
Cumbre C.A. es un vívido ejemplo.[4]
VII.
La Cumbre: objetivos y perspectivas
Según
su página web, Agrícola La Cumbre, C.A. es una empresa productora de cereales
y oleaginosas presente en el sur oriente del país, que ofrece materias primas
de excelente calidad a un gran número de empresas en el ramo de los embutidos,
alimentos balanceados, venta de granos y confitería. Su propósito es contribuir
de manera saludable, segura y sostenida al abastecimiento de las materias
primas que la agroindustria necesita para la producción de alimentos.
La
idea primordial es compartir su visión de un futuro posible, inspirando de esa
manera a empresas y personas para que trabajen en función de cambios
(los mismos que preconiza el entrevistado y son seguidos por su hijo Darwin
Ferrera, actual conductor de La Cumbre) en estrategias y enfoques.
Se trata de producir de manera más eficiente y ambientalmente más sustentables,
contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las personas y a preservar el
medio ambiente.
Sus
valores son:
Valores
- La
honestidad, como base
fundamental de todos los procesos administrativos, productivos y
comerciales.
- La
constancia y disciplina,
como secreto para lograr el éxito de los objetivos.
- La
integridad, como base de
la confianza para lograr relaciones humanas y comerciales sólidas y
perdurables en el tiempo.
- El
compromiso, como agente
motivador para cumplir con cada actividad y lograr los objetivos en los
tiempos acordados.
- La
curiosidad y los sueños,
como camino para la búsqueda de nuevos retos y crecimiento de la empresa.
- Lealtad
con la empresa, sus
principios y valores.
El
personal técnico, apoyado con profesionales que prestan servicios de asesoría e
investigación a la empresa, está permanentemente evaluando resultados y
desarrollando nuevas estrategias de manejo para mejorar los procesos
productivos en busca de la excelencia. Un aspecto muy llamativo, por lo
inusual, es la conducta gerencial de esa empresa (lo que alguien, como yo,
venida de un ámbito gerencial, aprecia muchísimo)
VIII.
¿Y después?
Las Perspectivas
Entre
las propuestas interesantes para el futuro que se mencionaron en esta conversación, está una que siempre me ha
parecido viable, oportuna y conveniente: la que hizo el poeta Helí Colombani de
crear en el sur de Anzoátegui el estado Guanipa. La posición
geopolítica de El Tigre lo convierte en un enclave de desarrollo estratégico
tanto económica como políticamente y eso trasciende a la explotación petrolera
y hasta a la explotación agropecuaria.
Sin
tener grandes atracciones, El Tigre pudiera ser una especie de hito turístico de paso. Eso, más allá de la connotación
que la empresas extranjeras (ahora, las chinas) le han querido dar como ciudad dormitorio. (Desde Maracay, apunta, no hay ningún lugar donde detenerse si uno
viaja hacia el Oriente y Sur: y eso es una ventaja competitiva). De hecho,
en la actualidad, en una circunstancia digamos que fronteriza que a veces se
tiñe de ilegalidades y arbitrariedades, El Tigre es una encrucijada y un activo
mercado de intercambio con los núcleos mineros del Sur del país. Así que la
creación del estado Guanipa sería un refuerzo de la circunstancia geográfica.
La
otra propuesta es, obviamente, estimular y priorizar las actividades
agropecuarias, la visión del valor de la tierra, en la Mesa de Guanipa (Apostar por el país, regenerar el alma de
la ciudad) y paralelamente, hacer un vigoroso programa de educación
comunitaria para, en primer lugar, difundir abundantemente la historia de
eventos y realizaciones de El Tigre, El Tigrito, por ejemplo, y promocionar así
un proceso de crecimiento de la autoestima ciudadana, que es fundamental. Los
cronistas, los periodistas, los historiadores, tienen que actuar como
observadores que comprendan y difundan
la historia, aprovechando que aún viven muchos de los protagonistas, y que no
se ha perdido aún del todo la memoria.
En
segundo lugar, hay que rescatar el liderazgo de los criollos en el manejo del
comercio, la pequeña industria y, sobre todo, la posesión inmobiliaria. Hay que
preguntarse quiénes están comprando hoy día los fondos de comercio, los
inmuebles y los terrenos, porque cuando nos vengamos a dar cuenta, El Tigre
será de los árabes.
No me parece desacertado mencionar aquí, y creo que a
Ferrera le encantará, que Giovanni Boccaccio, en la introducción a la “Primera Jornada del Decamerón”, calcula
que murieron 100.000 personas, entre marzo y julio de 1348, en su Florencia
natal, cifra que quizá representara la totalidad de la población de la ciudad.
En aquel entonces se pensaba que la mortalidad alcanzaba incluso un 90%, pero
dichos cálculos se han visto reducidos por las investigaciones modernas. A
pesar de ello, las cifras aceptadas hoy por los historiadores siguen siendo
elevadas. Se calcula que a finales de 1350 había muerto un tercio, o más, de
toda la población europea y está demostrado que en las áreas más afectadas de
Europa, más de la mitad de la población pereció. Sin esa catástrofe, todo lo
que implicó el Renacimiento (y que se
inició en Italia, en Florencia, muy puntualmente) en arte, tecnología,
descubrimientos geográficos, progreso espiritual y material, no hubiera sido,
tal vez, posible como lo fue. [5]
Milagros Mata Gil
El
Tigre, Agosto-Septiembre del 2019
Fotos:
Juan Raydán
[1] . MARTÍNEZ SÁNCHEZ, J.J. (1995). Pasado
y presente de las Islas Canarias: Tenerife. La Laguna: Publicaciones del
Ayuntamiento
[2] . ARINO, C. (2015). El latido
del tiempo: la fascinante historia de una estirpe de mujeres desde 1920 hasta
1995. Barcelona: Ediciones B.S.A.
[3] . SANTOS, M.A. (2018). El largo
regreso de los venezolanos a Ítaca, en Caracas: Prodavinci (21-06-2018)
[4] . Argel Fernández - http://eltiempo.com.ve
[5] . En este periodo, la fragmentaria sociedad feudal de la Edad Media,
caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e
intelectual dominada por la Iglesia, se transformó en una sociedad dominada
progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía que
era agrícola, pero también urbana y mercantil, en la que se desarrolló el
mecenazgo de la educación, de las artes y de la música.
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