DATOS PERSONALES

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El Tigre (Las Villas), Anzoátegui, Venezuela
Nació en Caracas, el 17 de abril de 1951. Profesora de Castellano, Literatura y Latín, periodista, narradora e investigadora en Literatura Venezolana. Miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua Española desde 2011. Autora de la letra del himno del Municipio Heres, “Cual Cúpula En Flor De Encaje Verde”, Ciudad Bolívar, 1995. Algunas obras publicadas en Narrativa son: “La Casa en Llamas” (1989), “Memorias de una antigua primavera” (1989), “Mata El Caracol” (1991), “El Diario Íntimo de Francisca Malabar” (2003). “Estación y otros relatos” (1986) Ensayos: “Los Signos de la Trama” (1989), “Balza, el Cuerpo Fluvial” (1987), “Tiempo y Muerte en José Balza y Alfredo Armas Alfonzo”, “Alfredo Armas Alfonzo, creador de la Cuenca del Unare”

viernes, 10 de enero de 2020

TALLER ¿LIBRE DE ARTE?



https://www.disup.com/mala-memoria-24-ilustraciones-sobre-la-dictadura-militar-chile-balmaceda-arte-joven/

PERVERSIONES: EL CASO DEL TALLER LIBRE DE ARTE DE EL TIGRE



I.
La definición de pervertir que da el DRAE es perturbar el orden o el estado natural de las cosas. Al ingresar en la sede (magnífica, debo decir) del Taller Libre de Arte de El Tigre, me detuvo como un muro la percepción de que había algo perverso allí. No se trataba de la bandera nacional en la entrada: eso puede ser algo corriente, sobre todo en una institución que pertenece al gobierno (al gobierno regional, en este caso) pero al ingresar, tocada con esa impresión de prevención y rechazo, sentí la presencia de realidades extrañas a ese contexto: una cartelera con mapas y letreros militares, una mujer malencarada sentada tras en una mesa de metal gris, una señora humilde esperando a alguien y, sobre todo, una tropa de mujeres y hombres recibiendo instrucción militar y vociferando: “¡Chávez vive: la lucha sigue!”. Eso, en un espacio que teóricamente está destinado a la creación artística, a la enseñanza del arte, al reguardo de la cultura.

La malencarada me espetó que ésa era la sede de la “Milicia Militar Bolivariana”. Después vino un individuo de uniforme, menos agresivo, que me aclaró que las actividades del Taller comenzaban a la 1 de la tarde y, mientras tanto, “ellos” daban apoyo a la vigilancia y limpieza del local. Tratando de ganar mi simpatía, dijo que habían conseguido algunos pupitres, algunos breakers, “y otras cositas”, pero no me permitió pasar y revisar. Lo que sí me llamó la atención fue que en ningún momento me preguntó quién era yo, ni me pidió credenciales. También noté la escrupulosa limpieza del patio y el frente, contrastando con los murales deslavados y las esculturas exteriores oxidadas y despintadas. El que limpiaba me sonrió y eso más bien aumentó en mí esas sacudidas oscilantes entre el miedo y el asco.

II.
He buscado en los registros de dictaduras más o menos afines, como la cubana, y no he visto en ellos tal desafuero. Por supuesto, hay dictaduras más radicales. Por cierto, el actual director del TLA es un lector informado y durante mucho tiempo defendió y admiró a los Formalistas Rusos, que fueron avasallados, humillados, ofendidos y destruidos por Stalin. Yo me eduqué desde la primera juventud, desde los 13 ó 14 años, en un medio que privilegiaba el Arte como la más importante función del individuo y a la sociedad como el recipiente de la obra artística y su sustentación espiritual y material. Me pregunto qué dirán los artistas plásticos que se reunían en las escalinatas de la Catedral de Angostura ante estos hechos, patrocinados por uno que fue de ellos.

A mis casi 70 años, estoy muy convencida de que el artista y su estilo vital son una misma cosa: que un proceder acorde con cualquier cosa que irrespete el arte repercute indefectiblemente en su creación y que, de incurrir en ese irrespeto (en esa perversión), su arte y el Arte en general se resienten necesariamente. Y no veo una mayor perversión que esa de mezclar militarismo y arte, armas y pinceles, consignas militares y educación, tiranía y libertad. Dicho esto ¿qué se está creando en el seno del TLA de El Tigre? ¿quiénes son los profesores que allí actúan y dónde está su obra reciente? ¿qué están enseñando a los niños y jóvenes que allí acuden? Yo no me sentiría tranquila enviando a mis nietos a ese sitio ignominioso. Ni tampoco me sentiría  tranquila si estuviera avecindada allí.

III.
Ahora bien, la Gobernación de Anzoátegui tiene mucha responsabilidad en esa situación: en primer lugar, desasistieron el Taller, una institución de más de 50 años, que careció por años de los recursos mínimos para la limpieza y el aseo y fue periódicamente saqueado por delincuentes que se llevaban lo que encontraban a su paso. Me han comentado subtus voce que han ido dejando de pagar a los profesores y que han recurrido a la asfixia económica para obligar a que les entreguen la administración, quién sabe con cuáles fines. Me han dicho que por eso la Asociación de Artistas Plásticos decidió tomar la alternativa de entregar a la Milicia el local, supuestamente con un documento, lo que sería, además de perverso, ilegal. Y he ahí la cuestión.

(La ilustración es de Sebastián Morte: https://www.disup.com/mala-memoria-24-ilustraciones-sobre-la-dictadura-militar-chile-balmaceda-arte-joven/ )


miércoles, 1 de enero de 2020

DE LA SERIE EN EL BUS


I.

La mujer es joven y robusta (grandes pechos, amplias caderas) y acaba de salir del portón de recién paridas con una criatura modestamente envuelta en cobijita de algodón estampado en rosa. Se monta a duras penas en la perrera, la gente trata de ayudar, le proporciona un puesto. Y ella comienza a quejarse de la situación: muy poquito tiempo en el hospital, no le daban ni agua y tuvo que auxiliarla su compañera de cama, tuvo que conseguir las medicinas. La gente pregunta por su familia (esposo, madre, hermanos) No: nadie. El marido, en Brasil, buscándose la suerte. Una hermana, en Ipiales, en Perú. La madre se quedó en casa cuidando los otros dos guarichos que tiene: uno, de dos años y el otro, de diez meses. –Pero, mujer, le reprochan ¡no esperaste nada! –Bueno, fue por los bonos que me preñé, pero ya no alcanzan para nada.

II.

Le di un ladito en mi asiento a una niñita como de diez años. Morenita, pelo liso y largo, con unos ojos rasgados y tristes, ojeras y ese tinte amarillo-ocre de la desnutrición. Me impresiona su tristeza. La madre es una mujer pequeña y delgada, vestida con unos pantalones cortos de jean y una franela azul. Lleva el cabello, ondulado, largo hasta los hombros y lentes oscuros. Lo que se le ve del rostro está ajado y reseco como una hoja, y ya en el cuello se le notan los pliegues de la incipiente vejez. Cuando el bus comienza a rodar, se escucha música de merengue. Y la mujer se va volviendo como poseída: la expresión se pierde, se va hacia otros tiempos, seguro más felices, mientras canta las canciones y se mueve rítmicamente al son de la música: la observo porque me impresiona esa capacidad de abstracción que la hace ignorar todo lo demás. Ella, a veces, se levanta la cabellera a la altura de la nuca mientras sigue moviéndose, bailando. La niña se para en un momento dado para recordarle que se acerca la parada. Luego, bajan las dos, roto ya el hechizo brevísimo del merengue para ellas.

III.

Entra una pareja en la camioneta-transporte-de-pasajeros. No es un bus propiamente dicho, aunque cumple las funciones y en la parte trasera, en precarios bancos, nos vamos apiñando. La pareja es extraña: al principio, parecen ser un abuelo y su nieta: un hombre pequeño, de carnes correosas, no demasiado flaco, calvo, y una muchachita de unos doce o trece años, amarillenta y ojerosa. Luego, observo que el viejo acaricia el cuello y los hombros de la muchachita mientras lanza miradas alrededor. Miradas de triunfo lascivo y me repugna hasta la náusea. Los otros pasajeros fingen no darse cuenta. De hecho, yo misma finjo abstraerme en mis asuntos, pero pienso ¿qué situación llevó a esa niña a aceptar los manoseos de ese viejo asqueroso? ¿fueron sus padres los que la empujaron, fue su decisión, para paliar el hambre y la necesidad? La camioneta arranca y unas paradas más allá, la muchachita toca el timbre. El viejo le entrega un manojo de billetes nuevecitos, recién sacados de algún cajero automático. Ella no los cuenta. Se baja.

IV.

De súbito, la mujer se desgaja en un llanto desesperado. Es incómodo. El bus va casi vacío hoy, por el asueto, que hace que la gente prefiera quedarse en casa y no gastar el efectivo que ha conseguido trabajosamente en largas y tediosas colas. La mujer es aún joven: sus cabellos son negros y los lleva bien peinados, recogidos en una cola de caballo, su tez, blanca enrojecida por el sol, se resalta con el rojo pintalabios. Corpulenta, ella, se ve sana y ahora está descompuesta por el llanto, que los demás no entendemos. Personalmente, no sé cómo involucrarme y consolarla, pues aunque estoy en un asiento cercano al que ella ocupa, me llena de pudor la desnudez de su aflicción. Ella comienza a hablar apresuradamente: esa mañana, estuvo a punto de matarse y matar a sus dos hijos, de 7 y 9 años. El marido partió hace un año en busca de la vida, como tantos, y después de seis meses viviendo de refugio en refugio, durmiendo en el suelo, desconfiando de todo, temeroso de la violencia, por fin consiguió un trabajo más o menos estable. Comenzó a enviar dinero con regularidad, lo que alivió la carga de la manutención, que ella había afrontado vendiendo sus cosas: primero, la ropa que no usaba, luego, los electrodomésticos, finalmente, se empleó como ayudante de una costurera. Durante cuatro meses, todo pareció arreglarse. Luego, comenzaron las demoras: que si tuvo que alquilar y comprar enseres, que si ahora tenía más gastos, que si me ha sido difícil, gorda, y luego te mando. Ahora, por un mensaje de texto, le dijo que había encontrado a otra, que se arreglara como pudiera, que él tenía que mirar por su felicidad.

V.

La pareja es joven. Muy joven. La muchacha carga a una bebé de unos seis meses. La bebé es morena y lleva el pelo organizado en varias colitas adornadas con gomas de colores. Luce bien: piel tersa y brillante, cuerpo regordete. La madre observa que la observo y sonríe. Estamos en la parada terminal, cerca del muro del antiguo cine. El padre , vestido con unos jeans desteñidos y muy rotos y parcheados y una franela amarilla de manga larga, es alto y flaco y lleva el bolso de los pañales, uno rosado con muñequitos. El bus tarda en estos tiempos sin gasolina abundante y la fila va alargándose. La muchacha se agacha en la acera y comienza a amamantar a la bebé. Ella lleva unos pantalones verdes de tela y una blusa morada, menos desastrada que su marido. Ambos llevan sandalias de baño.




martes, 1 de octubre de 2019

ALEXIS CAROLES NACIÓ EN EL TIGRE…




Milagros Mata Gil


Los problemas de la filosofía conciernen verdaderamente al ser del hombre, y no del hombre en general, sino de “cada hombre”, en la concreción de su existir, y son apelaciones o llamamientos que se le dirigen para que se ponga en claro consigo mismo, asuma sus responsabilidades y tome sus decisiones.
                        Nicola Abbagnano: Introducción al Existencialismo
No podría figurarme una imagen más adecuada del Juicio Universal. La muchedumbre de los humanos —incluso la humanidad entera— está presente, pero no se ve, porque el juicio concierne a una sola persona, a una sola vida: esa, precisamente, y no otra. ¿Y de qué modo esa vida, esa persona ha sido elegida, arrapada, inmortalizada por el ángel del Último Día, que es también el ángel de la fotografía!
(Giorgio Agambem: Profanaciones)


            Acoto aquí como un hecho significativo que Alexis Caroles nació en El Tigre, a diferencia de otros cronistas o pseudohistoriadores que han acometido tareas similares. Su trabajo, más que el de un cronista es el de un periodista que sigue las orientaciones del lead: ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Por Qué? Y no puede ser de otra manera. Su trabajo es un extenso y profundo reportaje transgenérico que incluye imágenes, interpretaciones y entrevistas. Comenzó recolectando fotografías y recortes de prensa y, paralelamente, hacía entrevistas o perfiles biográficos a los personajes que han actuado de alguna manera en la construcción y consolidación de este pueblo: perfiles magníficos y llenos de humanidad, que conforman un mosaico-mural escrito de los quiénes son quiénes, qué hicieron o no hicieron, qué  pudieran aún hacer… Una amiga suya, Gladys Boëtt, psicóloga, lo orientó y ayudó.
            Yo le di el crédito en el libro que ha ido surgiendo poco a poco y que he estructurado así: 1º. Antecedentes e historia hasta el 2000 (porque no he querido recoger esta decadencia, no solamente de El Tigre, sino del país: 2º. El “nacimiento” de El Tigre (no se puede hablar de fundación); 3º. Raíces y personajes; 4º. Trabajos especiales, que es una recopilación de trabajos hechos por otros autores sobre El Tigre; 5º. El Tigre: petróleo y desarrollo. 6º. Cronología de eventos… Sí me propongo escribir posteriormente un capítulo sobre la situación actual.
            Estamos reunidos en “Mil Hojas”, una panadería-cafetería que usualmente nos sirve de sitio de encuentro. Sentados cerca del gran ventanal, vemos pasar el tráfico del sábado. Llueve intermitentemente: chaparrones con ráfagas son seguidos de lloviznitas menudas. Luego, el sol reaparece, pero lánguido, con menos intensidad de lo que se acostumbra en pleno julio. Dentro de la panadería, habitada casi toda por amigos, cómplices de conversaciones, el ambiente es cálido, pero ruidosos. Alexis habla en un tono mesurado, y a veces baja tanto la voz que se me pierde, aunque recupero la información y anoto. A veces, amigos y parroquianos no tan amigos interrumpen con saludos o comentarios hasta que se dan cuenta de que se está cumpliendo un rito: una periodista está entrevistando a un personaje.
Reconozco que “Mil Hojas”, aunque se me ha vuelto lugar representativo, no es el adecuado para realizar esta tarea de registrar la vida y las obras de un hombre. Pero, existencialmente, es el lugar adecuado porque es allí donde bulle esta parcela de vida de gente vinculada al rescate y el ordenamiento de una historia que anda desperdigada, y al fortalecimiento de este pueblo que tantas veces ha agonizado y tantas veces ha resurgido.
También reconozco que no soy una periodista “como es usual”. Y quizás con el tiempo de ejercer este oficio, que ejerzo desde la tiernísima edad de 14 años, cuando seguía cual una cachorrita los pasos del legendario Américo Fernández, allá, en Angostura, y ejercerlo además con idénticas cargas de cinismo y conocimiento de sus posibilidades literarias, han contribuido a hacerme como soy en lo que soy. Y eso ya es inevitable e inextricable.

I.                   La vida
Visiblemente conmovido, él reivindica la memoria de su abuela paterna, Luisa Calderón. Y era ella en verdad una mujer notable, que se inició trabajando en el Delta del Orinoco como auxiliar de enfermería y fue aprendiendo a fuerza de leer, y consultar, y escuchar a sus mentores, médicos dedicados a la investigación y que practicaban su profesión con tinte de apostolado. De resultas, Luisa Calderón, dedicada lectora, terminó siendo partera, oficio que practicó casi hasta su muerte.
De niño, yo pasaba largo tiempo en la biblioteca de mi abuela. Estaba aprendiendo a leer en la escuela “Santa Rosalía”, de la maestra Cleotilde Basanta, que orientó y enseñó a varias generaciones de gente de El Tigre. Eso era en Pueblo Nuevo Norte, cerca de la Plaza Miranda. También acompañaba a mi abuela, al principio para llevarle el maletín, cuando iba a atender una parturienta. Y en algunos momentos se dio el caso de que en la casa del parto no había mujeres y el hombre de la casa o bien no podía, o no quería, o andaba por la calle buscando algo necesario, y yo tenía que ayudar a mi abuela en el parto. Y creo que eso me preparó para ejercer luego como reportero de sucesos, levantando cadáveres y entrando a la morgue para presenciar procedimientos forenses.
Reivindica también la memoria de su padre, Juan Valentín Caroles Calderón, trabajador y honrado, pero, sobre todo, un hombre muy observador de su entorno, un buen lector, porque no podía ser de otra manera, vista la influencia de la madre y de las tías con las que pasó la infancia en Caracas. Porque Luisa Calderón, una vez que enviuda de Juan Caroles, el padre, casa en segundas nupcias con un médico apellidado Machado, de los Machado caraqueños, y el niño fue enviado a educarse por allá, en casa de amos del valle.
Mi padre, que nació en 1916, fue chofer de la compañía petrolera en la segunda mitad de los años 30. Él manejaba entonces un camión y transportaba suministros (whisky, alimentos enlatados, harina, aceite, mantequilla, fósforos, medicamentos para tratar gripes y picaduras de insectos) o insumos propios de las fases de exploración y explotación, que llegaban al puerto de La Peña. Esos insumos llegaban desde Ciudad Bolívar y Soledad, adonde recalaban desde Trinidad por el Orinoco. De esta manera, mi padre fue uno de los fundadores del campo Mata Negra, en Monagas, y después participó, en 1940, de la construcción del campo San Tomé. Él era un poeta, un versificador, fundamentalmente oral, porque no tenía tiempo de sentarse a escribir esos poemas que le llegaban. Era un gran trabajador. Cuando la actividad petrolera decayó, en uno de esos momentos, se puso a taxear llevando a los clientes a la Zona de Tolerancia, de noche o de madrugada. Después constituyó junto a Carlos Wong y un señor de apellido Belloso, la Línea Mercury.
Anecdóticamente, cuando estaba trabajando en la construcción de San Tomé, tuvo un inconveniente serio con uno de los americanos: él amaba apasionadamente a su madre, y, en general, no toleraba ni que la ofendieran, aunque fuera mínimamente, ni que ofendieran a nadie en su presencia, nombrándole la madre. Así que ese día hubo un inconveniente de esos usuales en una construcción y el americano que supervisaba desde una especie de andamio, le espetó a los obreros: -coñemadre. El señor Caroles lo increpó, preguntándole por tres veces qué había dicho, y en todas el americano ratificó el insulto. Entonces, el señor Caroles le dio una trompada que lo hizo caer del andamio, lo que ocasionó su inmediato despido.
Tiempo después, ya estando en la línea, le tocó llevar a un cliente desde uno de los bares al campo de la Schlumberger. Al llegar a la casa, el cliente estaba en tal estado de estupor borrachero que tuvo que ayudarlo a salir del vehículo y entonces se dio cuenta de que se trataba del mismo americano del conflicto. Aun así, lo ayudó y lo trasladó a la casa, donde lo recibió la esposa, sano y salvo. Unos días después, el americano fue a buscarlo a la modesta sede de la línea y le dejó sus señas, pidiéndole que fuera a verlo. Así lo hizo: el americano, conmovido por la honestidad y bonhomía de aquel otro, lo invitó a su casa, lo presentó a su familia, y le ofreció trabajo en la Schlumberger. Eso fue en 1950 y allí permaneció hasta 1955, cuando consiguió un empleo mejor en Halliburton, donde estuvo hasta 1965.
Su madre fue Carmen Mercedes Gascón, hija de Juan Gascón y Genoveva Mariño. Ella conoció a Juan Caroles en Mata Negra, adonde había llegado con su padre y la pareja de él, quien la crió. Se casaron y tuvieron seis hijos, de los cuales cuatro nacieron en El Tigre, allí mismo, en la casa de Pueblo Nuevo Norte. La señora Carmen era una buena y famosa costurera. Así que el objeto de esta entrevista, si así puede llamarse a este texto de impresiones fragmentarias, Alexis Orestes Caroles Gascón, nació en El Tigre el 26 de diciembre de 1950, y viene de una estirpe de gente emprendedora, trabajadora, honesta, de la que heredó la voluntad de trabajo y el gusto por la lectura.
Por lo demás, está muy orgulloso de sus 4 hijos:
Tengo 4 hijos: Elimar (licenciada en educación actualmente en Lima donde desempeña como Subgerente de una empresa de fabricación de envases ecológicos con tecnología de punta), Randolf (ingeniero en sistema con estudios en planificación estratégica, Superintendente de Hidrocaribe en la zona sur) Alexis José (licenciado en educación, jefe de planificación y profesor de matemáticas en la UEP Batalla de Niquitao y en la UE Rojas Paúl, y Manuela Carolina, estudiante de Odontología en la UGMA, músico académica, excelente cantante y gimnasta).
Y rescata su relación con las mujeres de su vida:
He tenido 2 matrimonios y 4 relaciones formales con las mujeres mas lindas del mundo por la calidad como madres, personas y seres humanos. Todas ellas son mis mejores amigas.

II.                La carrera
            Después de la maestra Basanta, Alexis estudió en la escuela Manuel Ezequiel Bruzual desde el 1º al 3º, en el Instituto Simón Bolívar el 4º y el 5º y el 6º otra vez en la Bruzual. Salió a los 14 años y comenzó el bachillerato en el Liceo Revenga, pero las circunstancias económicas le hicieron difícil seguir. Su padre trabajaba en esos momentos como chofer de su propio bus de pasajeros en Expresos de La Costa, con unos itinerarios intrincados, y él tomó la decisión de irse a Caracas, en pos de uno de sus hermanos y de su papá. Allá, a los 15, comenzó a trabajar de ayudante de cocina en el restaurante del antiguo Terminal de Pasajeros del Nuevo Circo, esperando a que su padre firmara el permiso, porque era menor de edad. Y luego pasó a trabajar en otro restaurante, también por ahí, por la Lecuna, al frente de la Plaza Monumental de Toros. Fue un raro aprendizaje para un muchacho de su casa y protegido por un muro de lecturas.
En ese último restaurante llegó a demostrar su capacidad organizativa y el dueño lo apreciaba, pero había allí conflictos entre el padre y el hijo, así que prefirió alejarse, y, mientras tanto, tomó un curso de operario de máquinas textiles en la Textilera Gran Colombia, con tal éxito que le propusieron que: o bien trabajaba para ellos, o aceptaba un empleo mejor en una empresa filial en Maracay. Dado que allá ya estaba una de sus hermanas, se fue a Maracay, para encontrarse con que el gremio textil había iniciado una huelga. Tenía poco más de 16 años. Un amigo de su hermana y su cuñado le preguntó qué más sabía hacer, por ver de ayudarlo a conseguir trabajo: -yo sé leer y escribir, sé redactar y escribo a máquina, de manera que fue recomendado para trabajar como datero en Radio Girardot.
Era en el área de sucesos. El trabajo de un “datero” era ése, precisamente, observar, tomar datos, hacer los contactos, y pasar esa información a los redactores. Ese trabajo afianzó la capacidad de observación que me había inculcado mi abuela y me fue fácil relacionarme con ese medio tan particular que son las policías. Hacía el mismo trabajo para Radio Apolo y para el diario El Impacto. Y en eso anduve, aprendiendo, luego redactando, propiamente, hasta 1968, cuando regresé a El Tigre y me inscribí en el turno de noche del Liceo Briceño Méndez, para terminar el bachillerato. Yo había intentado varias veces hacerlo a distancia mientras estaba en Maracay, pero tenía mucho trabajo. Mientras estudiaba, trabajé de todo: pinté casas, vendí en el mercado, de todo, para ayudar sobre todo a mi mamá, que cosía, y cosía muy bien, pero se le hacía cuesta arriba mantener la casa.
            En 1969, el legendario Chemelo, fundador y director de El Expreso, en Ciudad Bolívar, lo contrató como corresponsal en El Tigre, especializado en el área de sucesos. Y en 1971, José Luis Tineo fundó Radio Guanipa y lo llama para que dirija el Departamento de Prensa de esa emisora. Ese mismo año, Chemelo, el periodista fundador de “El Expreso”, en Ciudad Bolívar,  lo compromete para trabajar en Upata y San Félix, cubriendo la “Huelga de los 414” que fue la huelga más larga de la historia venezolana. Fue su cobertura uno de los más férreos espaldarazos de un medio de comunicación a las luchas sindicales de la Zona del Hierro. Posteriormente, conjuntamente con Ángel Camauta, comienza a realizar una serie de reportajes y entrevistas de la vida real a los que llamó “Crónicas de una ciudad entre dos ríos”, y su audaz tratamiento le dio gran impulso a la circulación del diario. En 1973 regresa a Anzoátegui: trabaja brevemente en el diario La Prensa, de Puerto La Cruz, y luego vuelve a Radio Guanipa, en El Tigre, donde ya actúa como reportero radial, y como corresponsal del Diario de Oriente, de Pto. La Cruz. En 1974, un golpe del destino lo lleva a iniciar su trabajo con el emblemático diario Antorcha.
            En aquellos tiempos, se hablaba mucho de la desaparición del ganadero Antonio Segundo Pérez Arriojas y estando yo en la Morgue del Hospital de El Tigre, en cobertura normal de sucesos, llegaron unos restos humanos que se habían encontrado accidentalmente, mientras se hacían trabajos de excavación. El forense de turno me pidió que lo ayudara a la clasificación del material, ya sabes, huesos y rastros, y al sacudir el pantalón cayó al suelo un pañuelo de bolsillo con las iniciales bordadas ASPA. Debo decir que ese trajinar sin problemas por experiencias como ésa también se la debo a mi abuela partera, a sus libros, que revisé desde la niñez, y a su capacidad de observación, que me transmitió. Entonces, le dije al médico: -Mira, yo creo que esos son los restos del ganadero Pérez Arriojas, pues esas son sus iniciales, y después eso se confirmó. Esa misma tarde, mandé un reporte radial donde informaba que se habían encontrado los restos, y fue un “tubazo”. Don Edmundo Barrios, el director de “Antorcha”, llamó a José Luis Tineo para que le permitiera publicar la información, y José Luis se lo dio, claro. Después, realicé ocasionalmente otros trabajos para el diario, sobre todo cubriendo la fuente petrolera hasta donde se podía. Porque en aquellos tiempos, la Mene Grande era muy cerrada.
A partir de 1976, a la par de cubrir para “Antorcha” el área de información general, asumí la cobertura de las localidades de El Tigrito y San Tomé. La nacionalización de la industria petrolera me abrió las puertas en las empresas Meneven, Corpoven y PDVSA y durante 25 años me interesé en estudiar bien y perfeccionar los conocimientos integrales de esa industria en todas sus fases operativas y en la relación con las comunidades adyacentes. Del mismo modo mi relación con sus instituciones y gremios de profesionales.
En cuanto a mi desempeño en el Colegio de Periodistas, siempre he estado celosamente vinculado a ese gremio: a partir del nacimiento en la seccional El Tigre, fui primero secretario de finanzas, después, de organización, y  fui secretario general durante 12 periodos (probablemente el único en el país durante tanto tiempo) convirtiéndola en la más importante en el sur de Anzoátegui.
III.             El libro
            En 1963, mi padre me llevó a ver los actos del 30 aniversario de El Tigre. Recuerdo que entonces se hicieron en la avenida España, frente a la Logia Masónica, donde había un obelisco pequeño y una encrucijada que partía hacia Ciudad Bolívar, por el sur; hacia el este, la calle Bolívar, y hacia el oeste, la Plaza Bolívar. Allí estaban Alcibíades Cones, Cleto Quijada y Jesús Subero en el sitio de honor, y mi padre aprovechó para contarme una vez más cómo eran aquellos primeros tiempos (los de la década de los 30)
            En 1973, encontré la foto de aquel evento en un archivo de periódico y fue entonces cuando me dediqué a recoger materiales para escribir la historia de El Tigre a partir del OG-1.



martes, 10 de septiembre de 2019

JOSÉ LUIS FERRERA: LA TIERRA ES EL ALMA DE UN PUEBLO




José Luis Ferrera y su hijo, Darwin Ferrera, en la oficina de Agrícola La Cumbre (Foto: J. Raydán)

Allí va Isak atravesando el campo. Sembrando. Un coloso, un tronco. Va vestido con la lana que le proporcionan sus rebaños, y calza zapatos de la piel de sus propios terneros y vacas. Conforme al uso piadoso, va con la cabeza descubierta mientras siembra. Es calvo en la parte superior del cráneo, pero una corona que forman sus cabellos y su barba encuadra su cabeza. Es Isak, el margrave.

Tal es la imagen ideal del hombre que propone Hamsun: temeroso de Dios, inclinado hacia la tierra para ganarse la vida, dueño de lo que tiene porque todo lo ha obtenido de su trabajo; apartado de las veleidades e hipocresías de los hombres, enemigo del facilismo que allana las labores, explorador y domeñador de tierras nuevas.

(Del Prólogo de la obra Bendición de la Tierra, de Knut Hamsun)

I.


El vestíbulo es minúsculo y adecuadamente conformado por paneles de contraenchapados que alternan colores claros y oscuros. Tras el mostrador de recepción, una joven con rostro de madonna de Rafael Sanzio y largos cabellos oscuros manifiesta su amabilidad, lo que no me impide cierta sensación de ahogo, pues estoy habituada a espacios abiertos y ventanas desplegadas. Mientras espero, inexorablemente, y bebo de la minúscula tacita un traguito de café, me fijo en el pendón que anuncia La Cumbre C.A., que es la empresa de mi entrevistado. Me llama la atención la paradoja del logotipo, silueta de elevadas montañas, colocado sobre una foto donde siembras ordenadas se abren en la planitud y hacia el horizonte despejado. El mensaje es sugerente, aunque enigmático.

II.


Cuando José Luis Ferrara me habla de Arafo, no puedo evitar pensar en Ávalon, la mítica isla celta donde nada envejece, donde la inmortalidad es posible: en Ávalon abundan las manzanas, que son recogidas por mujeres, gobernadas por nueve hadas, una de las cuales es Morgana, ya redimida. Arafo es el lugar de donde partió la vida de José Luis: una población entre montañas, donde el verde y las cabras predominan. Pueblo inmutable en la memoria, con el olor a las vides familiares (Mi hermana, dice, tiene actualmente la Bodega Ferrera, para conservar el apellido de mi padre. Busco la información en el inefable Google: la Bodega Ferrera es una de las mejores de vinos y la hermana mencionada tiene un gran parecido con el entrevistado: cuerpo sólido de isleños de Tenerife, ojos pequeños y rasgados, roja la color de las faces, vigor en el gesto, parecida la sonrisa, gesto de gente luchadora)

¿Qué es Arafo? ¿Dónde queda? En el libro “Pasado y presente de las islas Canarias: Tenerife”, de Juan José Martínez Sánchez (1995) encuentro abundante información y una pequeña mención de Arafo, que tiene menos de 120 habitantes por Km2. Goza de un excelente clima, de una sólida y antigua tradición, cuyas raíces se nutren aún de los antepasados guanches. La economía se basa en la producción de vinos, papas, tomates, cebollas y la ganadería. Con orgullo, José Luis Ferrera dice que Arafo tiene dos bandas de música y varias orquestas de nivel internacional, que han ganado varios premios. Tiene un Ateneo, que fue inaugurado en su momento por el rey Juan Carlos. Tiene dos clubes sociales grandes con bibliotecas, y una Biblioteca Pública, por supuesto. Tiene importantes instalaciones deportivas para prácticas de fútbol y de lucha canaria (José Luis aprovecha los interludios de esta conversación para mencionar que en su juventud practicó lucha canaria, que es una de las más vigorosas manifestaciones de la cultura popular, junto con la devoción a la Virgen de La Candelaria)

Por Arafo, el logotipo son siluetas de montañas, para conservar la tradición. La palabra preferida de José Luis Ferrera es conservar y eso no deja de sorprender en una época y en un lugar donde los cambios acelerados van devastando hoy lo construido apenas ayer. De Arafo no solamente guarda recuerdos, idealizados en su mayoría, sino la imagen de un pueblo que, superando las dificultades y por el amor de sus hijos tiene hoy una intensa actividad económica, cultural y social (dentro de las formalidades de una sociedad eminentemente agraria, acota) que ha superado exitosamente el reto que le lanzó el repunte de la actividad turística (que fue en su momento tan traumática como lo fue el petróleo en la vida económica venezolana)

III.


José Luis Ferrera es, pues, un hombre de isla, lo que lo predispuso genética, casi moralmente, para quedarse en El Tigre, que es una especie de isla de llanura y casarse con una mujer de las islas venezolanas (Me casé con una isleña de Margarita, Luisa Cedeño Millán, en 1977, y yo ya tenía cuatro en Venezuela. Es una mujer extraordinaria, de las que sabe su papel. Aún hoy se levanta a prepararme el desayuno y entiende el trabajo del campo. Hemos tenido tres hijos: Yosleidi Ferrera Cedeño, quien es licenciada en Administración, y actualmente reside en Errentería, población del País Vasco, donde fue electa concejala; Gabriel Ferrera Cedeño, Ingeniero de Sistemas, actualmente en las Islas Canarias, y Darwin Ferrera Cedeño, Ingeniero Agrónomo, que está dando un enfoque moderno para continuar la tradición de la familia y de la empresa)

Es un hombre amplio y expansivo, muy inteligente, que se ha creado un ámbito gerencial que no es frecuente por estos lares. Su fenotipo parece catalán, pero ya se sabe que, por aquella conflictiva posición geográfica, las Canarias han recibido el influjo Mediterráneo y Atlántico, donde se han vertido cien pueblos, desde Siria hasta Estambul, dice Serrat. De hecho, desde Trípoli a Barcelona, desde Rabat a Ponta Delgada.

Canarias fueron, durante mucho tiempo, apunta el libro de Juan José Martínez, escala obligada para las embarcaciones que hacían trayecto con América. En los puertos de las Islas debían repostar y avituallarse para la larga travesía atlántica. Muchos canarios aprovechaban esta circunstancia para viajar en ellos al Nuevo Continente. En el siglo XVI y principios del XVII, los tinerfeños iban a América como soldados, si bien una vez terminada su etapa militar solían quedarse como colonos. A partir del siglo XVII, comenzó a desarrollarse en Tenerife el cultivo y procesamiento de la vid, lo que hizo bajar las tasas de emigración. En el siglo XVIII, debido a la crisis vinícola, volvió a incrementarse la corriente emigratoria con destino a Venezuela. A principios de siglo, eran canarios la mitad de los habitantes de Caracas. Las razones por las que los tinerfeños dejaban su tierra eran de variada índole:
• alta densidad de población para los recursos de la Isla.
• un modelo económico basado en la exportación.
• elevados precios y bajos salarios.
• atracción de los países americanos.
• eludir el servicio militar.

La mayoría de aquéllos que emigraban eran hombres jóvenes, s o l t e r o s y, en gran porcentaje, analfabetos. Los lugares preponderantemente elegidos eran Cuba y Venezuela. Pese a todas las dificultades y sacrificios, los hombres de Canarias han contribuido largamente con su impulso al auge de países Iberoamericanos, especialmente de Cuba y Venezuela. [1]


(Mis abuelos Ferrera y Tejera, ambos, hicieron parte de su capital en Cuba, durante la segunda mitad del siglo XIX y parte del siglo XX. Se iban y regresaban para invertir lo que conseguían trabajando ardua e inteligentemente en el cultivo del tabaco. De hecho, aún hoy la producción agrícola de tabaco está en manos de descendientes de isleños españoles. Es posible que en eso influya también el carácter específico de los habitantes de islas. Hubo un momento de mi vida, estimulado por aquellos discursos idealistas y bonitos del Fidel Castro de los primeros años, que quise irme a Cuba como voluntario para las zafras y después, quién sabe. Porque el isleño siempre está viendo el horizonte, aunque sea de montañas, como yo. Lo cierto es que la carta que envié no llegó, o no la respondieron, y mejor así)

En la infancia se forma el carácter y el carácter decide el destino.

Algo tiene el habla, a veces arrítmica, afanosa de abarcamientos, de este entrevistado de la cadencia con que se suceden las estaciones: la lluvia y la sequía, las noches y los días, la vida y la muerte. Pero en todo su discurso, la gran protagonista es la tierra, rural o urbana, mítica o memoriosa, actual y activa, pero siempre feraz y grandiosa. Un hombre, que, por estirpe y práctica vital, no entiende la vida ni la felicidad sin una relación íntima con la tierra.
No obstante, también llama la atención cómo cita, naturalmente y al desgaire, igual a Azorín que a Herrera Luque, a García Márquez y a Unamuno, a Gallegos y a Otero Silva. No es admirador a ultranza de Bolívar y coincide con Álvaro Mutis, el gran poeta colombiano, en que el peor error que se cometió fue habernos independizado de España. Es un monárquico convencido de que esa institución es la que mantiene unida esa conflictiva Madre Patria. No le inhibe reconocer que cree en los protocolos y los ritos como una forma de mantener unida las sociedades y le menciono aquí lo que plantea Giorgio Agamben sobre la necesidad de mantener los rituales para dar consistencia a la sociedad. Cree Ferrera en la influencia de las tareas de clase social y también en los parentescos de clase, los parentescos emocionales, que nos hacen acercarnos a ciertas personas más que a otras. Y cree en el determinismo de la genética y la raza en la conducta de los humanos, pero en ese estilo llano de conservación de tradiciones que se da, por ejemplo, en Angostura, o en Mérida. Coincido, por lo demás.

Su padre, Tomás Ferrera Martín, era un hombre recio del campo: carácter severo y perfeccionista (Mi hijo Darwin se le parece, aunque más suavizado, dice) tanto en el trabajo agropecuario como en la cacería. Su madre, Maruca Tejera Gil, era una de esas mujeres especiales de las que uno lee en los relatos de la Guerra Civil en España: capaz de bordar y de atender el huerto, de criar a los hijos y cantar mientras levanta la colada, de revisar los tiempos de cosecha y memorizar poemas, aunque esas damas las encuentra uno también en cualquier campo de Iberoamérica. Como acabo de terminar de leer una novela de Cari Arino, “El latido del tiempo”, [2] que es la saga de varias mujeres españolas de medio agrario desde 1920 a 1995, no me cuesta nada pensar que Maruca era como Benita, una de las protagonistas de la novela: emprendedora, incapaz de dejarse vencer por las dificultades, y empática.

IV.


En el año 1972, con apenas 23 años, José Luis Ferrera llegó a Venezuela empleado como técnico asesor por la empresa Agroisleña. Por esta causa, recorrió gran parte del país, que en aquellos momentos estaba buscando ampliar su horizonte económico hacia las actividades agrícolas y pecuarias, y eso le sirvió de aprendizaje, no solamente de las características del paisaje y de la tierra, sino de la idiosincrasia de los habitantes. Él es un pionero nato, un fundador natural y vio las potencialidades: ésas son las características de lo que debe ser un líder de empresarios. La característica de esos hombres es su capacidad de ver el futuro por encima de los eriales o las ruinas calcinadas por el sol o los incendios. (Yo vine casi desde las aulas de la Universidad de La Laguna, donde me gradué de Ingeniero Agrónomo. Antes, había estudiado en el Colegio San Ildefonso, del grupo La Salle. Aún conservo amistades de aquellos tiempos.) 

Ya tempranamente intuyó (o más bien afloraron en él los ancestrales instintos) que apostar al país es apostar a la tierra: apuestan al país los agricultores, los ganaderos, los que compran bienes raíces. Muchos venezolanos no aprecian la tierra, que en otras partes es un bien inestimable y hasta ocasiona pleitos y guerras. La gente no se da cuenta de que, pasadas las crisis, porque siempre pasan, la tierra se va a revalorizar de manera exponencial. Lo mejor que le pudo ocurrir a El Tigre fue la recesión petrolera de los años 60.

El maní unió a todo el mundo, repite, como un mantra.



En esos momentos de crisis, personajes representativos plantearon al Gobierno central la necesidad de establecer un plan capaz de reactivar la economía local: apostaron al país. Y en 1966 fue puesto en marcha el Plan de Desarrollo Manisero, que constituyó el eje de la política estatal implementada para la Mesa de Guanipa. Este plan se construyó sobre la gran disponibilidad de tierras pertenecientes al Instituto Agrario Nacional (IAN) y en programas de crédito y asistencia técnica. El maní fue una especie de relumbrón verde de esperanza que otorgó alma al pueblo, y no sólo económicamente, sino entre las familias, en el ámbito cultural, en el medio social: allí está aún el tejido de ese renacimiento y existe aún un grupo de personas lo suficientemente tercas como para esperar que se revitalice. En aquellos tiempos se consolidó una “clase media agrícola” que aunque parece haber desaparecido en las actuales circunstancias, soterradamente conserva sus valores y tradiciones. O eso espero.)

Juan Raydán, el fotocronista, quien fue invitado para tomar las fotos del personaje, pero que es, además, hijo de uno de los hombres que en aquellos tiempos tomó el riesgo de la actividad agropecuaria, apunta un par de datos interesantes: ya en 1940, los americanos estuvieron experimentando con el cultivo del maní y eso fue registrado por Henri Pittier en una visita para estudiar la fitografía de la Mesa de Guanipa.

(Y es que en aquella época no solamente se comenzó el cultivo del maní, sino el de otros rubros, como el merey, y en ese sentido, El Tigre tiene deudas de reconocimiento con Julio Dommar, el sorgo, donde la producción de semillas certificadas alcanzó calidad de exportación, y la ganadería, donde llegaron a producirse 70 mil litros de leche. La industria petrolera estaba en declive, pero el agro generaba ingresos abundantes y empleos. En una entrevista señalé que se cultivaban 30 mil hectáreas y se generaban unos 15 mil empleos directos. Tal vez el error fue empeñarse en cultivar oleaginosas para la producción de aceite, en ver de enfatizar, en el caso del maní y del merey, por ejemplo, las posibilidades confiteras. Pero es un error reparable.

Durante el gobierno de Herrera Campins, a pesar de su mal gobierno (no era corrupto, sino ineficiente) la agricultura y la agroindustria continuó porque la mayor parte del capital de inversión era, en verdad, reinversión, y los bancos eran relativamente considerados. El gobierno de Lusinchi, al que habría que reivindicar, porque hizo muchas cosas con pocos recursos, contribuyó bastante al sostenimiento de las actividades agrícolas de la Mesa de Guanipa: aquí venían de todas partes, de todas las universidades y centros especializados, para observar, comprender y explicar, el fenómeno de las tareas agropecuarias que realizábamos.  

Pero entonces vinieron las políticas erradas de Carlos Andrés Pérez, quien, por lo visto, creyó que nunca se acabaría la bonanza petrolera y desestimó la importancia de la actividad agropecuaria. La debacle, la catástrofe. A mediados de los años 80 se produjo la liberación de las importaciones por parte del Ejecutivo Nacional, lo que impactó de forma contundente la actividad agrícola, con el criterio errado de que era más barato y rentable importar que producir.

Pérez tuvo ministros de primera línea, que intentaron poner en práctica modelos modernos, de avanzada. Pero su principal error fue dejar a Tinoco en el Ministerio de Fomento y darle muchas prerrogativas a la banca. Los bancos subieron indiscriminadamente los intereses, muchos empresarios del campo fueron a la quiebra, y hubo otra quiebra: muchas mujeres abandonaron a sus maridos, porque no entendieron o no quisieron entender, la importancia del trabajo agrícola. Muchas familias emigraron o desaparecieron. Pero hubo gente que persistió, y persiste, ya lo dije antes, por terquedad, o porque siguen apostando al pueblo y al país. Y soy de los que creen que hay que prepararse para El Día Después, que está más cercano de lo que se cree.)

V.

 Actualmente, lo que más le preocupa a José Luis Ferrera es la falta de generaciones de relevo (Se ha descuidado la formación: no hay una generación que sustituya la de aquellos hombres que en los años 50, 60, 70, moldearon este pueblo y le dieron posibilidades para seguir, a pesar de los vaivenes de la industria petrolera y de las ineficacias políticas. Eso, además de la carencia de tradiciones: en Arafo, las fiestas patronales de La Candelaria duran un mes: aquí no se planifican, no se extienden, y menos en los tiempos que corren. Además ¿dónde se ha visto que un pueblo no tenga la Plaza cerca de la Iglesia? Le aclaro que no hay aquí una Iglesia principal o catedral, sino que la dedicada a la Virgen del Valle, patrona por excelencia, fue una hecha en principio por suscripción de los primeros obreros del Campo Oficina, liderados, según dicen, por Jesús Subero. Me han dicho que en esa Iglesia funcionan las oficinas del arzobispado. Y que fueron los gerentes americanos los que diseñaron el pueblo como es, no como los fundados por los españoles sino de acuerdo a un diseño de los castra romanos: cuestión de poder, aunque fue un tal señor Ceballos el que, con topógrafos, plomadas y maquinarias, hizo el Pueblo Nuevo)

Abundando en la necesidad de restaurar un tejido cultural, incluso desde los festejos se mencionan las características del Centro Cultural Español de El Tigre, que ha mantenido cierto nivel de actividad. (Antes se celebraban aquí Carnavales fastuosos, fiestas patronales nutridas en honor a la Virgen del Valle. En parte, porque los promotores de aquellos eventos, como los Clubes Sociales y de Servicio, como el Rotary y el Club de Leones, y los organismos culturales, y hasta las personas de esos sectores, andan deprimidos y de capa caída. Y en parte porque El Tigre no ha tenido suerte con los gobernantes que le han tocado. Tienes razón en señalar, en una entrevista, que el único que ha tenido comportamiento socio cultural de alcalde ha sido Horacio Guzmán Requena: fue el único alcalde que asistía a todos los actos, que convertía su gestión en algo institucional. Porque un experimento como el de GIO, que unió a profesionales independientes en una gestión municipal que hubiera podido ser brillante, que hubiera podido ser muy exitosa y refrescar la atmósfera política, se pervirtió. Los alcaldes de los últimos 20 años han sido poco efectivos administrativamente y torpes para entender la cultura y la sociedad de El Tigre, incluyendo a Paraqueima, al que muchos ven como un tipo que hizo “algo”, si aceptamos que “hacer algo” fue atender lo “decorativo”, que además fue tratado arbitrariamente.

Quisiera mencionar algo que es muy importante: la memoria colectiva de El Tigre no ha abarcado ni la historia, ni los protagonistas de esa historia que le han dado consistencia y que tienen que convertirse en algún momento en los cimientos morales y culturales de este pueblo. Hay gente como Sixto Inojosa, Julio Dommar, Tobías Guevara, Ernesto Cantores, Luis Velardi, Napoleón Ledezma, Juan Raydán, Mauro Barrios padre, que aportaron sus esfuerzos, su creatividad, su vida entera, y que hoy apenas son reconocidos. Es posible que haya olvidado alguna mención, lo que es inevitable. Eso, en el medio agrícola y pecuario. Y sin mencionar los muchos otros que han actuado en otros sectores económicos y culturales.)

VI.


(Se está viendo un proceso de posicionamiento de los empresarios y las embajadas, con miras a aprovechar los inevitables cambios políticos, que, obviamente, arrastrarán cambios económicos y sociales importantes. Sin embargo, estos cambios van a requerir de transformaciones culturales significativas y dolorosas para algunos: la gente tiene que aprender a desprenderse del amiguismo, de la tendencia a conseguir las cosas sin trabajar. Por ejemplo, lo del bachaqueo: muchos abandonaron sus trabajos y hasta vendieron algunas cosas porque creían que les resultaría más fácil bachaquear alimentos y medicinas, y no pensaron que esa práctica no era duradera, ni estable, así que no invirtieron para el futuro. De la misma manera, algunos están emigrando porque creen que les será más fácil: venden sus casas por cantidades irrisorias, venden sus enseres, y no piensan que las dificultades del emigrante comienzan en el momento mismo en que se embarca y que todo eso implica un trascurso de desarraigos agudos y profundos. Y tampoco piensan en el regreso. Porque tal vez regresen.)

Parafraseando un artículo de Miguel Ángel Santos, publicado en Prodavinci en 2018, Ferrera insiste en que no hay que confundir la fe y la esperanza que debemos mantener en todo momento, con la disciplina necesaria para confrontar los aspectos más brutales y crudos de nuestra realidad. [3]Señala que en el país existe una demanda actual de 20 millones de kilos de maní. De esa cifra, se estima que en Venezuela sólo se producen 4 millones 900 kilos, lo que significa que apenas se satisface 24.9% del mercado interno. Considera que la Mesa de Guanipa sigue contando con formidables condiciones agroclimáticas para esa explotación. Todo eso, aunado a la experiencia de los productores, le permite ser optimista. Además, acotó, es un rubro que garantiza una alta rentabilidad debido a que se obtienen entre 3 mil 500 y 5 mil kilos por hectárea, dependiendo de la preparación del terreno. Su empresa, La Cumbre C.A. es un vívido ejemplo.[4]

VII.


La Cumbre: objetivos y perspectivas
Según su página web, Agrícola La Cumbre, C.A. es una empresa productora de cereales y oleaginosas presente en el sur oriente del país, que ofrece materias primas de excelente calidad a un gran número de empresas en el ramo de los embutidos, alimentos balanceados, venta de granos y confitería. Su propósito es contribuir de manera saludable, segura y sostenida al abastecimiento de las materias primas que la agroindustria necesita para la producción de alimentos.
La idea primordial es compartir su visión de un futuro posible, inspirando de esa manera a empresas y personas para que trabajen en función de cambios (los mismos que preconiza el entrevistado y son seguidos por su hijo Darwin Ferrera, actual conductor de La Cumbre) en estrategias y enfoques. Se trata de producir de manera más eficiente y ambientalmente más sustentables, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las personas y a preservar el medio ambiente.
Sus valores son:
Valores
  • La honestidad, como base fundamental de todos los procesos administrativos, productivos y comerciales.
  • La constancia y disciplina, como secreto para lograr el éxito de los objetivos.
  • La integridad, como base de la confianza para lograr relaciones humanas y comerciales sólidas y perdurables en el tiempo.
  • El compromiso, como agente motivador para cumplir con cada actividad y lograr los objetivos en los tiempos acordados.
  • La curiosidad y los sueños, como camino para la búsqueda de nuevos retos y crecimiento de la empresa.
  • Lealtad con la empresa, sus principios y valores.
El personal técnico, apoyado con profesionales que prestan servicios de asesoría e investigación a la empresa, está permanentemente evaluando resultados y desarrollando nuevas estrategias de manejo para mejorar los procesos productivos en busca de la excelencia. Un aspecto muy llamativo, por lo inusual, es la conducta gerencial de esa empresa (lo que alguien, como yo, venida de un ámbito gerencial, aprecia muchísimo)


VIII.


¿Y después?
Las Perspectivas

Entre las propuestas interesantes para el futuro que se mencionaron en esta conversación, está una que siempre me ha parecido viable, oportuna y conveniente: la que hizo el poeta Helí Colombani de crear en el sur de Anzoátegui el estado Guanipa. La posición geopolítica de El Tigre lo convierte en un enclave de desarrollo estratégico tanto económica como políticamente y eso trasciende a la explotación petrolera y hasta a la explotación agropecuaria.

Sin tener grandes atracciones, El Tigre pudiera ser una especie de hito turístico de paso. Eso, más allá de la connotación que la empresas extranjeras (ahora, las chinas) le han querido dar como ciudad dormitorio. (Desde Maracay, apunta, no hay ningún lugar donde detenerse si uno viaja hacia el Oriente y Sur: y eso es una ventaja competitiva). De hecho, en la actualidad, en una circunstancia digamos que fronteriza que a veces se tiñe de ilegalidades y arbitrariedades, El Tigre es una encrucijada y un activo mercado de intercambio con los núcleos mineros del Sur del país. Así que la creación del estado Guanipa sería un refuerzo de la circunstancia geográfica.

La otra propuesta es, obviamente, estimular y priorizar las actividades agropecuarias, la visión del valor de la tierra, en la Mesa de Guanipa (Apostar por el país, regenerar el alma de la ciudad) y paralelamente, hacer un vigoroso programa de educación comunitaria para, en primer lugar, difundir abundantemente la historia de eventos y realizaciones de El Tigre, El Tigrito, por ejemplo, y promocionar así un proceso de crecimiento de la autoestima ciudadana, que es fundamental. Los cronistas, los periodistas, los historiadores, tienen que actuar como observadores que comprendan y difundan la historia, aprovechando que aún viven muchos de los protagonistas, y que no se ha perdido aún del todo la memoria.

En segundo lugar, hay que rescatar el liderazgo de los criollos en el manejo del comercio, la pequeña industria y, sobre todo, la posesión inmobiliaria. Hay que preguntarse quiénes están comprando hoy día los fondos de comercio, los inmuebles y los terrenos, porque cuando nos vengamos a dar cuenta, El Tigre será de los árabes.

En tercer lugar, hay que cauterizar, sanar y tratar profilácticamente a la sociedad, para eliminar las malas mañas heredadas, los abusos, la corrupción arraigada durante años y años, la partidocracia (Que es la política mal entendida, dice Ferrera). Acoto que pienso que la emigración ha funcionado como la Peste Negra, en el siglo XIV, de la Edad Media, que, mediante la eliminación de gran parte de la población, dio lugar al Renacimiento con el remanente. Recuerdo a Isaías: Una vez más los sobrevivientes de la tribu echarán raíces abajo, y arriba darán fruto (Pero muchos regresarán, dice, y le contesto que esperemos que los malandros no.)

No me parece desacertado mencionar aquí, y creo que a Ferrera le encantará, que Giovanni Boccaccio, en la introducción a la “Primera Jornada del Decamerón”, calcula que murieron 100.000 personas, entre marzo y julio de 1348, en su Florencia natal, cifra que quizá representara la totalidad de la población de la ciudad. En aquel entonces se pensaba que la mortalidad alcanzaba incluso un 90%, pero dichos cálculos se han visto reducidos por las investigaciones modernas. A pesar de ello, las cifras aceptadas hoy por los historiadores siguen siendo elevadas. Se calcula que a finales de 1350 había muerto un tercio, o más, de toda la población europea y está demostrado que en las áreas más afectadas de Europa, más de la mitad de la población pereció. Sin esa catástrofe, todo lo que implicó el Renacimiento (y que se inició en Italia, en Florencia, muy puntualmente) en arte, tecnología, descubrimientos geográficos, progreso espiritual y material, no hubiera sido, tal vez, posible como lo fue. [5]

Milagros Mata Gil

El Tigre, Agosto-Septiembre del 2019
Fotos: Juan Raydán



[1] . MARTÍNEZ SÁNCHEZ, J.J. (1995). Pasado y presente de las Islas Canarias: Tenerife. La Laguna: Publicaciones del Ayuntamiento
[2] . ARINO, C. (2015). El latido del tiempo: la fascinante historia de una estirpe de mujeres desde 1920 hasta 1995. Barcelona: Ediciones B.S.A.
[3] . SANTOS, M.A. (2018). El largo regreso de los venezolanos a Ítaca, en Caracas: Prodavinci (21-06-2018)

[4] . Argel Fernández - http://eltiempo.com.ve
[5] . En este periodo, la fragmentaria sociedad feudal de la Edad Media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía que era agrícola, pero también urbana y mercantil, en la que se desarrolló el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música.

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